Confiar o no confiar

Don Vito Corleone

Long Island

NY, USA

Primavera 1945

Caro, Don Corleone:

Me dirijo a usted con gran placer, esperando que los negocios de la Familia tengan el éxito que se merecen. Estoy enterado de que su única hija va a casarse próximamente (The Godfather). Le mando mis más sinceras felicitaciones.

Aprovecho estas líneas para agradecerle el gran ejemplo que proporciona al resto de la humanidad. Por ahora, los negocios de la Familia prosperan. No quisiera poner en tela de juicio la legitimidad de sus negocios o la doble moral en la que se mueve su campo de actuación. No me interesa la organización de la Familia ni el poder que ostenta ahora mismo. Lo que me interesa es uno de los pilares en los que está fundada toda la estructura de su organización.

Ciertos críticos podrían argumentar que mi intención es rebajar la gravedad de sus crímenes. Nada de eso. Lo único que quiero manifestar es mi admiración por ese valor que está en el fondo de las relaciones que usted mantiene. Es verdad que en algunos casos se ha transformado en un valor ficticio. Pues un valor puede mantener la apariencia de valor, pero ser otra cosa por dentro.

Confianza. Ese es uno de los fundadores de la logística familiar. Desde el principio, sus relaciones se basaron en la confianza. Una confianza que tenía como fin crear lazos de amistad. Un hombre viene a usted y le pide un favor, por ejemplo, que le consiga documentación a su sobrino que acaba de llegar. Usted primero comprueba que su interlocutor es alguien que le respeta. Usted deja claro que le va a hacer el favor porque de ahora en adelante van a ser amigos. No acepta nada a cambio en el momento. Confía en la lealtad de su nuevo amigo.

De hecho, en un mundo sin confianza la Familia no sería lo que es. En mi tiempo, por ejemplo, no podría sobrevivir. Hoy en día se ve que prima el interés propio, y la fidelidad a la palabra dada está muy lejos de ser real. Hoy en día hay que tener seguridades cuando alguien promete algo. Entiendo que para usted el que alguien pida seguridades sea un insulto. Significaría falta de confianza en que usted mantendrá su palabra.

La confianza es la base de toda relación humana. Cuando depositas la confianza en alguien, es como si le dieras dinero a guardar. La cantidad de esa confianza puede incrementarse con el tiempo, siempre y cuando sea correspondida. El hecho de ser correspondida automáticamente aumentará la posibilidad de poner más confianza en la otra persona, porque ha sido fiel. He aquí otro valor que brilla por su ausencia en la mayoría de nosotros: la fidelidad a la palabra dada.

Un viejo instructor nos decía cuando éramos adolescentes: Un hombre vale lo que vale su palabra. Quizás esa es la respuesta de porqué hoy en día los jóvenes somos más bien imitaciones, que auténticos hombres. Aunque no sabría decir si nuestra palabra no vale nada porque no somos coherentes con nosotros mismos, o si nos hemos vuelto poco coherentes al no dar valor a nuestra palabra. Lo que es obvio es que una gran crisis se construye de pequeñas crisis sin resolver. Es decir, que si no somos fieles a la palabra dada en grandes compromisos, será porque hemos desgastado nuestra palabra continuamente. Decimos que haremos algo o que sentimos algo… pero no en realidad, sólo a medias.

Don Corleone, usted me entiende cuando digo que sin la confianza es fundamental, en las relaciones humanas, pero sobre todo en los negocios. Ambos sabemos que cuando no hay confianza todo se viene abajo. Un vivo ejemplo son las rencillas, pequeñas guerras o asesinatos que a veces roban la paz de su despacho. Siempre que alguien no confía pasa algo malo. Por ello, ustedes los sicilianos preferían que todo se quedara en familia, pues es más lógico que se mantenga la confianza y la lealtad cuando hay lazos de sangre.

Sin embargo, no está claro que la confianza sea más fácil entre familia que entre no familia. Lo que sí está claro es que la confianza genera familia. Al final, en quienes de verdad confiamos se convierten en nuestra auténtica familia, pudiendo coincidir con lazos de sangre o no.

Le agradezco su tiempo y espero sinceramente que sus hijos aprendan el verdadero significado de la confianza y de la fidelidad a la palabra dada, sobre todo Michel. Espero que las personas de mi tiempo lo aprendamos también.

Con grato aprecio me despido, esperando su mayor comprensión, muy atentamente:

J. Rolf

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