Arándano

NO deja de asombrarme la manera en que el mundo y las relaciones interpersonales funcionan. ¿Cómo es posible que alguien te marque la vida en tan poco tiempo? ¿Cómo es posible que, más allá de cualquier pronóstico razonable, encuentres un océano profundo de confianza donde no lo buscabas? ¿Cuáles son los secretos del corazón y del espíritu humanos? ¿De verdad estamos enlazados desde siempre para encontrarnos con quienes nos tenemos que encontrar?

En verdad, no creo obtener nunca estas respuestas. Tampoco sería emocionante si lo hiciera. Solamente me asombro, y me pregunto ¿Cómo es esto posible?

Tu vida puede cambiar en tan solo un segundo. Y no, no estoy siendo catastrofista o más cursi de lo habitual en mi. Estoy siendo puramente realista. De la nada, puedes comenzar a ver el cielo de un color distinto, y el tiempo puede pasar de formas poco convencionales; lo que antes te disgustaba, ahora lo toleras; lo que no tenía sentido, ahora es un universo por explorar… Sí, estoy hablando de ese estado cuasi alucinógeno que es el conocer a alguien que encuentras intensamente atractivo y profundamente confiable.

Ya sé que no es algo nuevo, pero no dejo de asombrarme. ¡Cómo es posible! Hace un par de semanas no era consciente de su existencia y la verdad me daba igual, pero ahora no puedo imaginar un momento en el que no haya sentido su presencia. No hablo solo del fenómeno en sí, sino de la rapidez y eficacia de su desarrollo.

En este caso, me maravillo más porque fue algo totalmente inesperado, inmerecido y auténtico. Digo inesperado porque, sinceramente, en otras circunstancias no me habría fijado en ella. No me malinterpretéis. Ella es cute, me encantan sus ojos verdes/grises/marrones/amarillos, su intensa melena negra, su manera de andar… y más cosas que por discreción no detallaré. Pero, no es el estilo físico de chica en la que me fijaría a primera vista. Sin embargo, su manera de moverse, de hablar, de pensar, de mirar… es fascinante. No esperaba encontrar a alguien así.

Digo inmerecido porque… bueno, creo que no tengo que contar mi vida aquí (LOL), pero confiad en mí en que esto ha sido inmerecido. Y digo auténtico, porque fue sencillo, suave y sin grandes altercados cognitivos y emocionales. No nos engañemos. Siempre que conocemos a alguien vamos un poco «de puntillas». Evidentemente, no dejamos de ser nosotros mismos, pero como que sacamos esa parte «mejor» para que sea lo primero que la otra persona conozca, y según va progresando, vamos desbloqueando los siguientes niveles y capas de nuestra intrincada y jugosa personalidad. Pues en este caso fue un desastre. Con decir que después de dos horas de conversación y un breve paseo ya le estaba contando qué es lo que me pasa cuando me pongo nervioso: hablo mucho (de hecho, en esa cita estaba hablando demasiado…). No tuve que pensar cuatro veces cuándo le escribía ni qué le escribía, ni se me quitaba la respiración si tardaba un poco en responder… Todo fue tan extrañamente pacífico y natural… Sin ese esfuerzo casi inhumano que es un poco normal que se sufra al empezar una nueva relación… Era algo que me martilleaba la cabeza ¡Cómo es posible!

Pensándolo bien, yo creo que esa es la clave. Ese es el por qué, en tan poco tiempo, conseguimos algo tan sincero y tan intenso, y también es el por qué, a pesar de haber pasado poco tiempo juntos, la ruptura no ha sido un camino fácil.

A la hora de procesar este acontecimiento, me preguntaba cómo era posible que alguien me hubiera cautivado de esa manera. Después de lidiar (a mi manera) con las emociones de tristeza, enfado, tristeza, heridas reabiertas, tristeza, más heridas reabiertas y más tristeza, me puse a pensar «¿Qué es lo que estoy echando de menos?» (a demás de a la persona, claro) «¿Qué es lo que esperaba encontrar, conseguir o alcanzar con esta relación, y que se ha quedado en el cubo de basura?».

Después de un rato de conversación conmigo mismo, he descubierto hechos sobre mi y sobre lo que busco que nunca había verbalizado y de los cuales ahora soy consciente. Lo comparto y seguramente el lector lo lea porque puede ser por una parte saludable y por otra parte… bueno, a quién no le gusta un poco de chisme, ¿no es verdad?

El primero parece bastante obvio, pero bueno, nadie es perfecto, ni siquiera yo…. El primero es que no quiero a alguien que me acepte y me tolere tal como soy. No, señor. Yo quiero a alguien que me quiera tal como soy. Y atención que digo querer, y digo tal como soy. Quizás alguno lo ha experimentado, pero tenemos como varias facetas, y sacamos al escenario una u otra, dependiendo de las circunstancias o de las personas con las que nos encontramos. Pero, tenemos como un núcleo. Un núcleo muy tonto, muy aburrido o muy desquiciante, que normalmente nos lo guardamos a nosotros mismos y lo sacamos a pasear de vez en cuando con nuestra familia o amigos más cercanos. Pues eso, yo quiero a alguien que me quiera en ese núcleo súper aburrido, súper tonto y súper desquiciante (al menos para mí mismo, salu2). Alguien que de alguna manera lo encuentre querible.

En segundo lugar, quiero encontrar a alguien con quien pueda estar. Sí, así de simple. Simplemente «estar». Alguien con quien no es indispensable hablar continuamente o estar realizando alguna actividad. Alguien con quien puedes existir sin más. No solo es estar a gusto con la presencia de alguien sino se trata de esa sensación de paz interior que te da el existir juntos. Por ello, no importa tanto el qué hagamos juntos. Podemos hacer cualquier cosa. Lo que importa es el existir juntos. Hoy puede ser en una fiesta con amigos, mañana en un paseo por el parque, y pasado en el silencio uno al lado del otro. Sin preocuparme de tener que «entretener» a la otra persona, o en «buscar» llenar la agenda de actividades, o en «tener» que hacer cosas parecidas, bajo el riesgo de «perderla por aburrimiento». Esta característica es algo que deseaba desde hace mucho. Quizás no depende tanto de uno mismo o de la otra persona, sino de que ambos estén en la misma sintonía. Esto también fue algo que me sorprendió desde el principio.

Y en tercer lugar, quiero a alguien que no me aburra. Y no. No entra en contradicción con el punto anterior. Quiero a alguien que esté apasionada por algo, que sepa pensar por sí misma, que sepa (más o menos) hacia dónde va en su camino vital. Quiero a alguien así porque seguramente, sin ella pretenderlo, me pondrá fuera de mi zona de comfort; me pondrá desafíos delante, pero no en el sentido de ella vs yo, sino de yo vs yo. En definitiva, motiva mi crecimiento y facilita que salga de mi forma de ver la realidad y la expanda. Esta actitud es completa si al mismo tiempo, ella es capaz de dejarse retar y desafiar por mí.

No deja de asombrarme la manera en que el mundo y las relaciones interpersonales funcionan. No deja de asombrarme cómo cuando el pobre tiene para carne, es viernes de cuaresma. Simplemente hay situaciones que no podemos controlar. En la serie de How I met your mother? Robin le dice a Ted que para seguir avanzando en el mundo de las relaciones con esperanza, hay que confiar en la «química» que puedes tener con alguien. Si tienes esa química especial, sólo se necesita una cosa más: el timing correcto. «But timing’s a bitch». Y en este caso me ha tocado confirmarlo en carne propia. Timing has been a real bitch. Debido a las circunstancias, la relación a distancia no es una opción con buenas perspectivas. Pero bueno, c’est la vie!

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